Analizar nuestros hábitos de consumo como consumidores individuales, micropymes o comunidades de vecinos es el punto de partida ideal para detectar oportunidades de ahorro. Por ejemplo, equipos que funcionan cuando no los necesitamos, consumos elevados durante fines de semana o festivos, potencias contratadas superiores a las que utilizamos o una climatización con horarios poco eficientes.
Actuar sobre todo esto puede generar ahorros inmediatos.
Revisar la potencia contratada es una de las medidas más sencillas y, si existe margen, nos permite optimizar este coste fijo, que es independiente del consumo.
Para mejorar la gestión de la climatización podemos realizar pequeños ajustes como una programación adecuada de horarios, modificación de la temperatura a la que queremos que esté la instalación, mantenimiento periódico de los equipos y evitar que funcionen a la vez calefacción y aire acondicionado. No se trata de renunciar al confort, sino de optimizarlo.
Asimismo, se puede aprovechar mejor la iluminación existente, sin necesidad de sustituir las luminarias por tecnología LED, ya que existen otras oportunidades de mejora como -una vez más- revisión de horarios, instalación de temporizadores o sensores en zonas de paso, usar la luz natural e, incluso, sectorizar espacios para evitar iluminar lugares que no lo necesitan. Son, en definitiva, actuaciones de bajo coste.
Pero también nuestro comportamiento va a influir. Y esto se puede modificar con acciones tan simples como apagar equipos fuera de uso, evitar consumos en espera o utilizar correctamente la climatización.
Una vez revisado todo esto, no debemos olvidarnos de seguir monitorizando, ya que la gestión energética se trata de un proceso continuo que nos permitirá mantener el ahorro en el tiempo.
Al final consiste en saber si estamos utilizando la energía de la manera más inteligente posible.
